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UN DÍA DE VERANO DE 2004
Autora: Corina Varela Calvo
Un día de verano de 2004 -no recuerdo exactamente cuál- Labacolla, el aeropuerto de Santiago de Compostela ( La Coruña ) era un hervidero de gente que iba de un lado para otro, colas que cada vez crecían más ante los mostradores, maletas que se mezclaban con las personas que las transportaban, algunos a duras penas...
Estaba yo en una de esas colas esperando gestionar mi viaje hasta la Isla cuando veo que al señor, bastante mayor, que estaba delante de mí con mucho equipaje, le dicen que tendrá que pagar el exceso de peso. Como quiera que yo sólo llevaba un maletín (había ido a pasar solo unos días), me ofrezco a facturar juntos. Él lo agradeció mucho y salvó su problema.
Nos dieron asientos contiguos y como era la primera vez que viajaba en avión yo le cedí la ventanilla que siempre suelo pedir, para que pudiera ver tanto aquel paisaje como luego el imponente de Tenerife. Nuevamente se mostró agradecido.
Me contó que venía a la Isla a visitar a un hijo y a sus nietos, a quienes hacía dos años que no veía y les traía regalos y productos típicos gallegos. Estaba feliz porque por fin podía hacer ese viaje con el que soñaba desde hacía tiempo. Me dijo que no irían a buscarlo al aeropuerto porque su hijo tenía servicio y me preguntaba por el servicio de autobuses. Le contesté que no se preocupase de eso porque a mí me venían a recoger y había sitio suficiente en el coche para los tres y el equipaje. Entonces sí que el pobre señor no sabía qué decir... se le rayaron los ojos y sólo me preguntó si en Canarias éramos todos así, que ahora entendía por qué le decía su hijo que era feliz aquí y que no tenía morriña de Galicia".
Al llegar al Reina Sofía le ayudé con el equipaje, que pesaba lo suyo y ya en Santa Cruz lo dejamos delante de la casa de su hijo, donde le esperaban sus nietos, ya que desde mi móvil les había telefoneado.
Al despedirnos me dio un fuerte abrazo. Sin más. No lo volví a ver ni supe cómo le había ido aquí....
Yo estaba rebosante de satisfacción, porque en mi corazón sentía que había hecho una buena acción. |