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UN DÍA DE PLAYA

Autor: Graciela Fernández Castro

Un sábado, después de meter a toda mi familia en el coche, nos dirigimos hacia el sur de la Isla para pasar un día en la playa. Una vez allí, y como siempre suele ocurrir, comprobamos que se nos había olvidado meter la comida en la bolsa de la playa. Como ir a comer a un restaurante en un día de playa con mis hijos es imposible, no hay quien les arranque de la arena y del mar, decidí ir a comprar unos bocadillos al bar de siempre, al que yo llamo el bar de los olvidos.

En el camino, unos turistas, debían ser alemanes porque no les entendía nada, me pararon para hacerme una pregunta. Lógicamente no supe qué me decían hasta que por sus gestos intuí que se habían perdido y que necesitaban que alguien les ayudara. Tras varios minutos intentando entendernos, yo mientras tanto no paraba de pensar en mi marido solo conteniendo a los pequeños que, además, estarían muertos ya de hambre, pude comprender que lo que me estaban diciendo era el nombre del hotel en el que se estaban hospedando y supuse que al que querían llegar.

Pese a que sabía que en la playa me necesitaban, decidí intentar ayudar a los turistas que estaban muy agobiados, ya que eran algo mayores y se mostraban impotentes y con necesidad de llegar al hotel. Les dije, como pude, que me esperaran allí y me fui a coger el coche, puesto que el hotel estaba lejos y caminando el tiempo que iba a emplear era demasiado. Cuando volví, allí estaban mirando con ojos de agradecimiento porque había regresado. Les indiqué que subieran al coche y les llevé hasta el hotel que me dijeron.

A medida que íbamos recorriendo el camino que unía el punto donde los encontré con el hotel, sus caras parecían más tranquilas y en su rostro se dibujaba una pequeña sonrisa. Enseguida llegamos al hotel. Una vez allí, se bajaron del coche y con claros gestos me agradecieron lo que había hecho por ellos. Entonces, volví a dónde estaba no sin antes comprar los bocadillos y le conté a mi marido la historia y aunque de momento no calmó su enfado por haberle dejado sólo con los niños y sin comida, luego lo entendió perfectamente.